Biblioteca Romanica Hispanica


En 1969 Dámaso Alonso, director de la Biblioteca Románica Hispánica, escribió estas palabras como prólogo al Libro de índices que Gredos publicó: Pronto hará un cuarto de siglo. Los «chicos de Gredos» venían a verme de cuando en cuando. Yo los llamaba los «chicos» por su gran juventud, y de «Gredos», por la editorial que habían fundado. Publicaban textos griegos y latinos para la segunda enseñanza, en ediciones que ellos mismos pulcramente preparaban y cuidaban, porque —salvo José Oliveira, especialista en el aspecto comercial— todos los miembros de Gredos pertenecían a nuestro «Fach»: todos, licenciados en Filosofía y Letras; Julio Calonge y Valentín García Yebra, catedráticos de Griego; Hipólito Escolar, archivero-bibliotecario. Pero el ámbito de difusión de estos libros estaba limitado al territorio español. Era una empresa modestísima. Y habían venido varias veces a verme porque deseaban que les diera una obra para su editorial. Hasta que un día les dije: «Voy a hacer más. Voy a crear —si les parece bien— una biblioteca especial filológica, fundamentalmente hispánica, que atienda también, en la medida de lo posible, a lo románico. Pero me temo que van a perder Vds...» No me dejaron acabar: «No se preocupe Vd. de eso». Qué editores tan valientes, pensé yo, y sentí un poco de remusguillo por la aventura peligrosa en que los metía.

Elegido el título «Biblioteca Románica Hispánica», que expresaba bastante bien los fines propuestos, en 1950 salió el primer volumen de la colección. Pronto siguieron otros; y llegó lo que yo no había esperado: el éxito y la difusión creciente de la Biblioteca Románica Hispánica, tanto que hoy es conocida en todo el mundo, y ha traído consigo la gran propagación del nombre de Gredos. «Gredos», fuera de España, y aun en los países más remotos, antes evoca el nombre de una editorial madrileña que el de una sierra (bellísima) española.

Los planes sufren siempre modificaciones, y el de esta «Biblioteca» ha ido cambiando algo a través de los años. Hemos sido los primeros en acoger las importantísimas perspectivas de la nueva lingüística; por otro lado, el incumplimiento de promesas por parte de algunos colaboradores (cosa, después de todo, muy hispánica) ha hecho que no haya tenido realidad alguna parte del programa primero. Pero lo que ha cambiado más los planes antiguos ha sido el mismo portentoso desarrollo de la «Biblioteca», que pronto nos obligó a dividirla en secciones. Creo que, sin embargo, nunca se han alterado las que considero líneas esenciales de mi proyecto primitivo.

El número total de las obras que han aparecido en la Biblioteca Románica Hispánica hasta el momento de escribir estas líneas es el de 250. El pormenor por secciones es el siguiente:

I. Tratados y Monografías 11
II. Estudios y Ensayos

142

III. Manuales

26

IV. Textos

5

V. Diccionarios

5

Vl. Antología hispánica

29

VII. Campo abierto

27

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IX. Fascímiles 4

Algunas de estas obras constan de varios tomos, especialmente en la sección de facsímiles.

El presente volumen, que, según me dicen los editores, van a regalar a sus clientes y amigos, resume el contenido científico de la «Biblioteca» al transcribir íntegramente los índices de todas las obras.

Yo felicito a la Editorial Gredos por su esfuerzo diario y por su valentía, que en el crecimiento de esta Biblioteca han tenido su exacta recompensa.

 

Desde entonces la Biblioteca Románica Hispánica ha seguido creciendo. Hoy su sección de Estudios y Ensayos pasa de los cuatrocientos títulos y los Manuales rondan los ochenta. Entre sus autores, además de Dámaso Alonso, están Amado Alonso, José Manuel Blecua, Joan Corominas, Rafael Lapesa, Ramón Menéndez Pidal, Ángel Rosenblat, Alonso Zamora Vicente, pero también Emilio Alarcos, Manuel Alvar, Carlos Bousoño, Eugenio Coseriu, Fernando Lázaro Carreter, Emilio Lorenzo y André Martinet, Noam Chomsky, Georges Mounin, William Labov y los filólogos y lingüistas más importantes.