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El diccionario, que en principio
tenía previsto acabar en un máximo de dos años, supuso
un enorme trabajo que se dilató más de quince, hasta que en
1966 la Editorial Gredos publicó su primer tomo, sacando a la venta
el segundo al año siguiente. Desde ese momento, María Moliner
empezó a trabajar en su actualización, que no llegó
a completar.
La idea de hacer un diccionario de uso la obtuvo de la lectura de algunos
diccionarios con los que había aprendido inglés. Quiso ofrecer
"un instrumento para guiar en el uso del español tanto a los que lo tienen
como idioma propio como a aquellos que lo aprenden y han llegado en el
conocimiento de él a ese punto en el que el diccionario bilingüe
puede y debe ser sustituido por un diccionario en el propio idioma que
se aprende".
Tras la publicación del diccionario, su vida adquirió mayor
relieve. Las revistas especializadas consideraron el diccionario como
una pieza lexicográfica excepcional. Filólogos y lingüistas
de renombre, como Emilio Lorenzo y Colin Smith, elogiaron el diccionario
como un libro extraordinario en su género, radicalmente nuevo,
de los que sólo se dan una vez en el siglo. Fueron también
numerosos los escritores que lo alabaron, como García Márquez. En
1972 fue propuesta como candidata a ocupar un sillón en la Real
Academia Española. Su candidatura fue apoyada por algunas escritoras
como Carmen Conde y por el académico Rafael Lapesa, sin embargo,
finalmente no fue elegida. El asunto obtuvo mucha cobertura en prensa,
ya que de haber obtenido el sillón, se habría convertido
en la primera mujer académica en los doscientos años de
historia de la Real Academia.
Años después no quiso optar de nuevo al sillón a causa
de su enfermedad, una arterioesclerosis cerebral, que se agudizó
en los últimos años de su vida hasta que ésta concluyó
en enero de 1981.
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